Capítulo 1

Papá con unos apuros de pelotas

   ¡¡¡Juego, set y partido!!! Me quedaba pegado cual lapa a la tele, cuando aún no había hecho tan siquiera la comunión, cautivado por la clase de Stephan Edberg o el macarrismo eficaz de McEnroe. En el patio del cole el baloncesto era lo mío, el patinaje también, los sprint ni os cuento y respecto a la peonza… ¡Un crack!

     El campo de futbol de cemento era un obstáculo para ir a encestar y el de césped natural siempre fue el hogar de cientos de grillos que cazaba para meterlos en una caja de zapatos y organizar apasionantes peleas insecticidas… 

     Alguna vez se atrevieron a llamarme para cubrir alguna baja futbolera por indisposición supina o castigo (qué duros eran los colegios de curas de los ochenta…). Casos extremos, vamos, ya que la afición de los que pegaban patadas al balón era asombrosa. El resultado de este experimento siempre acababa saliendo rana ya que, fuera el que fuera, el equipo donde me tocaba jugar acababa perdiendo; los compañeros cabreados con mi poca pericia y yo volvía finalmente a casa con raspones y algún que otro balonazo en las zonas nobles (debía tener un imán para el cuero ahí, yo que sé).

     En resumen: Messi no se estaba gestando en mis entrañas…

     Ver cómo este deporte saturaba el espacio deportivo de las noticias de la tele o la radio, en vez saber más de las hazañas de Magic Johnson, no ayudaba a que se despertara mi curiosidad. Actitudes chulescas de jugadores, tanganas en los campos, protestas y tanto nuevo rico con apenas dos dedos de frente respondiendo a los periodistas con monosílabos adormilaban aún más mi poco interés por este deporte.

     Me hice mayor, creo que demasiado despacio, y los peques Martín y Leo llegaron para destronarme del reino anárquico que montamos mi mujer y yo. Ella sigue siendo la reina madre; yo me he convertido en un príncipe travieso más junto a estos dos pequeños cafres.

     Les inculqué desde renacuajos la pasión por el deporte: largos paseos, carreras, bici, piscina, pádel, tenis… ¿Alguien ve la palabra “fútbol” por algún lado? Yo tampoco, ni ganas que tenía de que supieran qué era eso tan siquiera…Y en esas estábamos, dos años recibiendo clases particulares de esto último, cuando Martín, el mayor, con apenas seis añitos, me soltó: “Papá, yo quiero jugar al fútbol”. Maldita mi suerte. Cómo se me habría ocurrido dar las clases de tenis al lado de un campo de fútbol.

     Se avecinaba tormenta… y de las gordas…

Continuará…

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